La otra cara de los escoltas y personal privado de seguridad
Los escoltas son de otra casta como los vigilantes de seguridad porque sus trabajos implican horarios, riesgos y un plus de incertidumbre que no son fáciles de llevar. En este programa vamos a conocer la otra cara de estos trabajos y cómo los escoltas, principalmente, viven una doble vida. Una es la profesional en la que se juegan la vida para proteger a sus vips, algunos incluso la pierden cuando trabajando en el País Vasco revisan los bajos del coche del político que protegen y una bomba estalla. Porque ellos son las víctimas en muchas ocasiones. Además, en ocasiones, ellos se convierten en el hilo conductor para llegar a sus protegidos, o peor aún, sus familias. En definitiva, el día a día de un escolta en las zonas más calientes, sobre todo, es muy duro. También para sus familias que tienen que convivir con el anonimato, la soledad, la confidencialidad y se tienen que adaptar a las normas de seguridad que los escoltas aplican en el ámbito privado y familiar para proteger a los suyos.
Nadie debe sabe a qué se dedica el hombre de la casa, hay que tener cuidado con lo que se les cuenta a los hijos, y la mujer vive pendiente del teléfono todo el día por si hay malas noticias.
Muchos acaban renunciando a tener familia y sus amigos son otros compañeros de profesión, los únicos con los que pueden descargar tanta tensión. Una tensión y un estrés que acaba con la vida de muchos escoltas. El índice de suicidios es bastante alto pero no se habla de ello.
Los escoltas son de otra casta como los vigilantes de seguridad porque sus trabajos implican horarios, riesgos y un plus de incertidumbre que no son fáciles de llevar. En este programa vamos a conocer la otra cara de estos trabajos y cómo los escoltas, principalmente, viven una doble vida. Una es la profesional en la que se juegan la vida para proteger a sus vips, algunos incluso la pierden cuando trabajando en el País Vasco revisan los bajos del coche del político que protegen y una bomba estalla. Porque ellos son las víctimas en muchas ocasiones. Además, en ocasiones, ellos se convierten en el hilo conductor para llegar a sus protegidos, o peor aún, sus familias. En definitiva, el día a día de un escolta en las zonas más calientes, sobre todo, es muy duro. También para sus familias que tienen que convivir con el anonimato, la soledad, la confidencialidad y se tienen que adaptar a las normas de seguridad que los escoltas aplican en el ámbito privado y familiar para proteger a los suyos.
Nadie debe sabe a qué se dedica el hombre de la casa, hay que tener cuidado con lo que se les cuenta a los hijos, y la mujer vive pendiente del teléfono todo el día por si hay malas noticias.
Muchos acaban renunciando a tener familia y sus amigos son otros compañeros de profesión, los únicos con los que pueden descargar tanta tensión. Una tensión y un estrés que acaba con la vida de muchos escoltas. El índice de suicidios es bastante alto pero no se habla de ello.