Sindicato Profesional de Vigilantes - S.P.V.

Inmovilismo Sindical

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El Gobierno bloquea el diálogo social

Publicado el 10-07-09 , por Expansión

El Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, consciente quizás de que la crisis está deteriorando su imagen a marchas forzadas, quiere evitar a toda costa un conflicto con los sindicatos.

Una huelga general supondría la puntilla para un Ejecutivo incapaz de ofrecer soluciones. Esto es lo que explica el inmovilismo del que hace gala al negarse a poner en marcha cualquier reforma impopular, por muy necesaria que sea para salir de la crisis.

En estos momentos, el hipotético diálogo social no existe porque está bloqueado por un Gobierno que ha optado por la peor medicina contra cualquier recesión: el populismo.

Sólo así se explica que mientras todos los expertos solventes, de todo el espectro político, reclaman flexibilidad para combatir el deterioro brutal que vive el mercado laboral español, el Ejecutivo sólo ofrezca el parche de alargar seis meses y por importe de 420 euros la prestación para aquellos desempleados que han perdido ya su derecho al paro. Una medida para salir del paso que ofrece pan, y poco, para hoy y hambre para mañana.

Con este panorama no es de extrañar que algunos economistas aseguren, como hizo ayer en estas mismas páginas Xavier Sala i Martín, catedrático de la Universidad de Columbia, que el mercado empieza a temer que España inicie un proceso de argentinización.

La tasa de desempleo española duplica a la europea y todos los organismos anuncian que seguirá creciendo en los próximos trimestres hasta superar el 20%. Ante esta realidad no sirve ofrecer sólo protección porque lo que demandarán los aproximadamente cinco millones de parados que puede tener España el próximo año es una oportunidad para trabajar.

Y todas las barreras de salida que el Gobierno se empeña en proteger a toda costa para contentar a los sindicatos son en realidad barreras de entrada para todas las personas que están siendo expulsadas de un mercado laboral injusto, donde conviven trabajadores sobreprotegidos con otros desprotegidos y que tiene muchas aristas que pulir: una negociación colectiva que funciona con parámetros poco ortodoxos y que debe tender a vincularse a las mejoras de productividad y, ¿por qué no?, la necesidad de hablar de los costes de despido. El problema es tan serio que no debería haber tabús.

 

Publica: http://www.expansion.com/2009/07/09/opinion/1247169951.html

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